El penalti de Djukic: por qué la Liga del Dépor quedó en sus botas

Ilustración editorial.

Donato ya estaba en el banquillo y el siguiente lanzador era el serbio. Aquella decisión, tantas veces discutida, precedió a la parada de González que dejó a Riazor sin el campeonato del 1994.

Ilustración editorial.
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El balón estaba en el punto de penalti y Donato, en el banquillo. El especialista del Deportivo había sido sustituido por Alfredo durante la segunda parte. Cuando López Nieto señaló el derribo de Serer a Nando, cerca del final, Miroslav Djukic asumió un lanzamiento que podía darle al club su primera Liga.

La parada de José Luis González fijó el desenlace y también una pregunta que acompañaría al partido durante décadas: por qué no había tirado Bebeto. Para responderla conviene volver a la rotación de lanzadores y distinguir los recuerdos de quienes estaban allí de las interpretaciones que surgieron después.

Una victoria bastaba, pero el Camp Nou entró en Riazor

El 14 de mayo del 1994, el Dépor recibía al Valencia con un punto de ventaja sobre el Barcelona. Ganar le aseguraba el título. En una Liga que todavía concedía dos puntos por victoria, el empate podía servirle únicamente si el equipo de Johan Cruyff no vencía al Sevilla.

El resultado de Barcelona pasó a formar parte de la tarde coruñesa. Donato contó en una entrevista con El Contrario que los jugadores prestaron demasiada atención al otro partido. El Sevilla se adelantó y en la grada comenzaron a sentirse campeones; cuando el Barça terminó imponiéndose por 5-2, al Deportivo le hacía falta el gol que aún no había encontrado.

Nando recordó una sensación similar en una conversación publicada por La Voz de Galicia en el 2024. Ese testimonio aporta contexto al atasco del equipo, aunque no permite explicar por sí solo todos sus problemas. El Valencia conservaba el 0-0 y los minutos reducían el margen para corregirlo.

El orden de los lanzadores que explica la decisión

Bebeto había dejado de ser el encargado habitual después de fallar penaltis durante la temporada. Donato tomó esa responsabilidad. El brasileño llegaba, por tanto, a aquella última jornada con una función distinta a la que muchos le atribuyeron después de la derrota: ser el goleador del equipo no le convertía automáticamente en el primer tirador.

En el 2024, Relevo recogió sus recuerdos de una entrevista con Globoesporte. Bebeto explicó que Djukic ofrecía una gran seguridad en los entrenamientos y defendió que él también podía haber fallado. La misma información recuperaba el testimonio de Paco Liaño en Radio MARCA: Donato era el encargado y el serbio venía después en la rotación.

La crónica inmediata de El País presentó una lectura mucho más severa del papel del delantero. Los relatos posteriores de sus compañeros matizan esa interpretación. Hay un hecho que no cambia entre las versiones: el especialista había salido del campo y el lanzamiento acabó en los pies del defensa.

Donato recordó además que había estudiado a González durante la semana y ensayado hacia qué lado golpear. Era su preparación, no una garantía de gol. Su ausencia ayuda a entender la elección de Djukic, pero no demuestra que con otro futbolista la Liga hubiera terminado de otra manera.

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El derribo de Nando y la parada de González

La acción nació de una incorporación de Nando al área. Serer salió a su encuentro y le derribó. Ambos recordarían el contacto años después: el defensor valencianista explicó a La Voz que había acudido a frenar la progresión del lateral. López Nieto señaló la pena máxima.

Djukic tomó aire antes de iniciar la carrera. Su golpeo salió raso y con poca fuerza; González atrapó la pelota. El 0-0 se mantuvo y la oportunidad llegó tan tarde que apenas quedaba tiempo para otra. La imagen del portero celebrando convivió con la de los futbolistas blanquiazules tratando de asimilar el final.

Barcelona y Deportivo terminaron con 56 puntos. El desempate favorecía a los azulgranas por sus enfrentamientos directos: habían perdido 1-0 en Riazor y ganado 3-0 en el Camp Nou. Para el equipo de Arsenio, marcar aquel penalti habría significado sumar la victoria que necesitaba y acabar por delante, sin recurrir a ese criterio.

Arsenio habló de quienes esperaban en las calles

En la rueda de prensa, Arsenio Iglesias explicó que el equipo había corrido, pero había jugado atenazado y le había faltado un gol. Su tristeza se dirigió a los niños y a las personas mayores con quienes se encontraba durante la semana. El archivo de RTVE conserva aquella intervención, en la que el entrenador convirtió la explicación del partido en un reconocimiento de la ilusión de la ciudad.

Ese final no anulaba la temporada. El Dépor había terminado segundo con solo cuatro derrotas y 18 goles encajados en 38 jornadas. Liaño, Djukic y el resto de la defensa, con Mauro Silva por delante, habían sostenido una candidatura que llegó viva al último lanzamiento decisivo. La clasificación conserva ese trabajo; el recuerdo popular suele detenerse en la parada.

La historia siguió después del penalti

Al año siguiente, el Deportivo ganó la Copa del Rey ante el Valencia. La final tuvo que interrumpirse por la lluvia y resolverse en una segunda sesión. Arsenio y sus futbolistas consiguieron así el título que había faltado en el 1994, aunque cambiar de competición no borraba lo sucedido en Riazor.

Djukic permaneció en A Coruña hasta el 1997, cuando se marchó al Valencia. Había llegado al Dépor en Segunda y participado en el ascenso antes de aquella pelea por la Liga. Reducir su etapa a un error deja fuera el recorrido que hizo posible encontrarse ante una ocasión semejante.

El campeonato coruñés llegó finalmente en el 2000. Donato abrió el marcador frente al Espanyol y el Dépor cerró la noche con un 2-0. La espera terminó seis años después de la parada de González. El penalti siguió siendo parte de la memoria del club, pero dejó de ser el último capítulo de su intento por ganar la Liga.

Reto · el penalti de Djukic y el Dépor

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