Llegó en 2001 como el fichaje más caro de la historia del club. Nueve temporadas y 383 partidos después, Sergio González ya no se explicaba por su precio, sino por su presencia constante en el centro del campo.
El 9 de agosto de 2001, Sergio González cerró un contrato de ocho temporadas con el Deportivo. El acuerdo puso fin a unas negociaciones prolongadas y fijó el traspaso desde el Espanyol en 2.800 millones de pesetas, unos 16,8 millones de euros. El centrocampista igualaba así a Diego Tristán como la incorporación más cara que había realizado el club coruñés.
El dato económico colocaba el foco sobre un futbolista que no jugaba para llamar la atención. Sergio era un mediocentro de ritmo sostenido: ofrecía una salida segura, llegaba desde segunda línea y mantenía la posición cuando el partido exigía orden. El precio fue el titular de su llegada; la regularidad acabaría explicando su etapa en A Coruña.
De la cantera del Espanyol a la presión del fichaje récord
Sergio no aterrizó en Riazor como una promesa por descubrir. Se había formado en la cantera del Espanyol, había marcado en la final de la Copa del Rey de 2000 ante el Atlético y ya era internacional con España. Su despedida de Barcelona fue difícil, pero aceptó el traslado con una meta concreta: competir por un puesto en un Deportivo que acababa de instalarse entre los mejores equipos del país.
La adaptación no necesitó espera. Disputó las 38 jornadas de Liga en su primera temporada y marcó cuatro goles. También participó en diez partidos de la Liga de Campeones. En marzo de 2002 abrió el marcador en la final de Copa del Rey ante el Real Madrid, pero reducir aquel curso a una sola carrera hacia el área dejaría fuera lo principal: desde el primer año, Irureta lo convirtió en una pieza habitual.
El socio de Mauro Silva
El Deportivo de Javier Irureta necesitaba equilibrio para sostener el talento de Valerón, Fran, Víctor, Djalminha o los delanteros. Sergio encontró su lugar junto a Mauro Silva. El brasileño protegía, cerraba líneas y recuperaba; el catalán ofrecía continuidad al pase, acompañaba la presión y elegía cuándo romper hacia el área.
La sociedad se asentó con una frecuencia poco común. Entre las temporadas 2001/02 y 2004/05, Sergio disputó 146 de las 152 jornadas de Liga posibles. Años después, Irureta lo definió como «un chico muy disciplinado» y destacó la atención con la que seguía las explicaciones tácticas. Esa concentración, menos visible que un regate o un gol, era una de las razones por las que casi nunca salía del once.
La noche en que Riazor derribó al Milan
El 7 de abril de 2004, el Deportivo recibió al vigente campeón de Europa con un 4-1 en contra. Necesitaba tres goles sin respuesta para superar los cuartos de final. Antes del descanso, Pandiani, Valerón y Luque ya habían dado la vuelta a la eliminatoria. Fran marcó el 4-0 en la segunda parte.
Sergio fue titular junto a Mauro Silva y permaneció en el campo hasta el minuto 87, cuando entró Duscher. Mientras los goles convertían la remontada en una de las grandes noches de Riazor, el doble pivote sostuvo la circulación y cerró el espacio interior ante Kaká, Pirlo, Seedorf y Gattuso. El Deportivo avanzó a las semifinales por un global de 5-4.
De inversión récord a capitán
La plantilla cambió después de la etapa más brillante de Irureta. Salieron campeones de Liga, internacionales y varios de los futbolistas que habían llevado al Deportivo a competir cada primavera en Europa. Sergio permaneció. Con Joaquín Caparrós y Miguel Ángel Lotina asumió otras responsabilidades y, en 2009, compartía la capitanía con Valerón y Manuel Pablo, los últimos referentes del equipo que había alcanzado las semifinales de la Liga de Campeones.
Su contrato terminó en 2010. El balance fue de nueve temporadas, 383 partidos oficiales, 330 titularidades y 37 goles con el Deportivo. Esas cifras lo sitúan como el sexto jugador con más encuentros en la historia del club. Ganó la Copa del Rey y la Supercopa de España de 2002, además de disputar cuatro ediciones consecutivas de la Liga de Campeones.
Cuando llegó, el Deportivo tuvo que explicar cuánto había pagado por él. Cuando se marchó, la cifra relevante era otra. Sergio había vestido la camiseta blanquiazul 383 veces: desde el equipo que perseguía títulos hasta el que aprendió a competir con menos recursos. El fichaje récord terminó convertido en una medida de continuidad.